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Colección Voces que dejan Huellas
Luis Cernuda

La realidad y el deseo

voz del Autor
Editado por la UNAM
Voz Viva de México, VV-41
1975

Tus ojos son los ojos de un hombre enamorado;
tus labios son los labios de un hombre
que no cree en el amor.
Entonces, dime el remedio, amigo
si están en desacuerdo realidad y deseo.
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Oír el disco completo   



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Luis Cernuda
1a ed. en CD
Editado por la UNAM
Voz Viva de México, VV-41
2002


      Déjame esta voz    x    x
      He venido para ver    x    x
      Impresión de destierro    x    x
      Cementerio en la ciudad    x    x
      Lázaro    x    x
      Remordimiento en traje de noche    x    x
      Escondido en los muros    x    x
      Nevada    x    x
      Estoy cansado    x    x
      No decía palabras    x    x
      Si el hombre pudiera decir    x    x
      Donde habite el olvido    x    x
      A Larra con unas violetas    x    x
      Góngora    x    x
      Los espinos    x    x
      Hacia la tierra    x    x
      El retraído    x    x
      Un contemporáneo    x    x
      La vida    x    x
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"Escribir en España no es llorar, es morir"
     


Luis Cernuda

Antología personal

voz del Autor
Editado por Visor Libros
Serie "El poeta en su voz"
-343-
1996


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Colección De Viva Voz - 34
2011


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Oír el disco completo

      Déjame esta voz    x    x
      He venido para ver    x    x
      Impresión de destierro    x    x
      Cementerio en la ciudad    x    x
      Lázaro    x    x
      Remordimiento en traje de noche    x    x
      Escondido en los muros    x    x
      Nevada    x    x
      Estoy cansado    x    x
      No decía palabras    x    x
      Si el hombre pudiera decir    x    x
      Donde habite el olvido    x    x
      A Larra con unas violetas    x    x
      Góngora    x    x
      Los espinos    x    x
      Hacia la tierra    x    x
      El retraído    x    x
      Un contemporáneo    x    x
      La vida    x    x

x   textos de sus poemas
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(1902-1963)

En homenaje a Luis Cernuda,

por Federico García Lorca
en honor del gran poeta del misterio,
delicadísimo poeta Luis Cernuda,
para quien hay que hacer otra vez,
desde el siglo XVII, la palabra divino,
y a quien hay que entregar otra vez
agua, juncos y penumbra
para su increíble cisne renovado
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Luis Cernuda,

por Octavio Paz

Ni cisne andaluz
ni pájaro de lujo
Pájaro por las alas
hombre por la tristeza
Una mitad de luz Otra de sombra
No separadas: confundidas
una sola substancia
vibración que se despliega en transparencia
Piedra de luna
más agua que piedra
Río taciturno
más palabra que río
Árbol por solitario
hombre por la palabra
Verdad y error
una sola verdad
una sola palabra mortal
Ciudades humo petrificado
patrias ajenas siempre
sombras de hombres
En un cuarto perdido
inmaculada la cama única
correcto y desesperado
escribe el poeta las palabras prohibidas
signos entrelazados en una página
vasta de pronto como un lecho de mar
abrazo de los cuatro elementos
constelación del deseo y de la muerte
fija en el cielo cambiante del lenguaje
como el dibujo obscenamente puro
ardiendo en el panel decrépita
Días como nubes perdidas
islas sepultas en un pecho
placer
ola jaguar y calavera
Dos ojos fijos en dos ojos
ídolos
siempre los mismos ojos
Soledad
única madre de los hombres
¿sólo es real el deseo?
Uñas que desgarran una sombra
labios que beben muerte en un cuerpo
ese cadáver descubierto al alba
en nuestro lecho ¿es real?
Deseada
la realidad se desea
se inventa un cuerpo de centella
se desdobla y se mira
sus mil ojos
la pulen como mil manos fanáticas
Quiere salir de sí
arder
en un cuarto en el fondo de un cráter
y ser bajo dos ojos fijos
ceniza piedra congelada
Con letra clara el poeta escribe
sus verdades obscuras
Sus palabras
no son un monumento público
ni la Guía del camino recto
Nacieron del silencio
se abren tallos de silencio
las contemplamos en silencio
Verdad y error
una sola verdad
Realidad y deseo
una sola substancia
resuelta en un manantial de transparencias





video









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Poeta

El Greco


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x La mano del poeta
(Cernuda)


por Francisco Brines

La mano del poeta (Cernuda)
A Claudio y Clara
(En viaje a Cambridge)

Te contemplábamos de lejos, la lucha desigual,
y tú de pie;
la injusticia del hombre, las gigantes pasiones de tu espíritu,
y tú de pie;
la vejez que iba entrando en tu cansancio, y con perfidia
te tiñó el cabello,
y tú de pie;
sosteniendo las piernas con las manos,
pero de pie,
con tu sola defensa: tu desdeñoso gesto, tu soberano orgullo
Y era tu espíritu el más débil,
pues tu apetencia de la vida era la más intensa;
advirtieron tu voz, cuando nacía
como el sonido que dejaba al aire
desvanecido por su ligereza;
en el oído de los hombres, tu voz sonaba ahora
con sonido de sombra perdurable.
Y aquí está tu valor, y aquí el fracaso,
pues tú amabas la vida, de tal modo la amaste
que no hubo queja en ti contra el misterio nunca.
Y a pesar del dolor y la amargura del alentar humano
defendiste la vida con amor,
y con amor la muerte:
aceptaste un destino rencoroso.


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Noches del mes de junio

a Luis Cernuda,

por Jaime Gil de Biedma
Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.
Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo.


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una reflexión de Paz

y poema en voz de Eduardo Lizalde


Telarañas cuelgan de la razón


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